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Cámara en mano

Me puedo poner muy pesada con las fotos… “para para PARA! quédate ahí, corré la cartera! No.. mejor girá, creo que tengo mejor luz así! Ah, no.. se ve el tacho de basura de fondo.. ya fue, sigamos.”
Cualquier persona que haya pasado un día de playa/campo/río/plaza conmigo, seguro vivió varios momentos de ese tipo. No soy muy buena con la teoría, a mí me gusta agarrar la cámara y probar… el aire libre y la luz del día es mi escenario favorito, y si me das un mar de fondo me haces la persona más felíz del mundo. Eso hizo Sole hace poquito, mi amiga-hermana que me llevó a Brasil medio de sorpresa. Si alguien cree tener a la mejor amiga del mundo, vengan a conocer a Sole y después me cuentan…
Les dejo algunas fotos de Porto Do Galhinas, el pedazo de paraíso que me regalo Solete (si, así le decimos las íntimas).

Amor por la foto

Mi papá es el responsable, él fue fotógrafo. Por eso en cada paseo, vacaciones, cumpleaños, nunca faltaba la cámara. Era parte de la familia.
Hace 4 años me fui de viaje a México por 3 meses, sabía que iba a ver paisajes increíbles y no podía estar ahí sin una cámara. Para todos los trabajos de la facu y emprendimientos usaba la cámara de mi viejo, pero en México iba a necesitar una compañera personal, no prestada. Así llegó mi primera Nikon Reflex, la D5100 que todavía me acompaña a TODOS lados. Estos son algunos de los primeros disparos (en mis manos.. porque me compré una cámara usada, se hace lo que se puede!) Datan del verano 2012/13 en el lugar más lindo del planeta, la Riviera Maya.

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